Recepción JALT2011

JALT2011

Enseñar, aprender y crecer 18 – 21 de noviembre, 2011 Tokyo, Japón

Hojas dispersas

Recientemente trabajé con una historia en la clase de segundo año de estudiantes de Educación. Era una de esas historias Zen cuyo significado se nos resbala entre los dedos como una anguila. Se trataba de un monje joven que amaba cuidar del jardín de su templo.

Un día se esmeró de modo especial en arreglar su jardín impecablemente porque se esperaba la llegada de algunos visitantes especiales. Un viejo maestro de un templo vecino lo observaba atentamente. Cuando el monje joven se sentó a admirar su trabajo terminado el viejo monje le dijo que en el jardín faltaba algo y se ofreció a completarlo. El joven monje, con algo de titubeo y mucho de curiosidad, lo ayudó a cruzar la verja. El viejo monje fue directamente hacia el gran árbol en el centro del jardín y lo sacudió vigorosamente, produciendo una lluvia de hojas. “Así está mejor”, dijo finalmente. El monje joven quedó atónito.

Mis estudiantes sacaron muchas lecciones de esta historia. Algunos pensaron que se trataba de la diferencia entre la belleza creada por el ser humano y aquella creada por la naturaleza. Otros pensaron que se refería a la insensatez de hacer un esfuerzo solamente para ocasiones especiales. Cada estudiante proyectó sus valores y experiencias para dar un significado a la historia. Y yo hice lo mismo.

Pensé en los tiempos de mi carrera docente en que mi jardín parecía limpio y ordenado. Alguna vez, por ejemplo, estuve convencido de que el camino a la fluidez oral era la práctica oral. Parecía tener sentido. Después de todo, la expresión oral es un acto físico y, como tal, está sujeto a la ley de la especificidad. Si el mejor entrenamiento para un nadador es nadar entonces con seguridad el mejor entrenamiento para un hablante es hablar. Yo enseñaba conversación a través de la práctica oral y lo hacía con convicción y confianza.

Luego hice investigación para evaluar la fluidez oral en varias clases de inglés a nivel primario en las que se usaba mi enfoque centrado en la comunicación oral. Entre esas clases, hubo una que recibió una cuota extra de audición en lugar de práctica de conversación porque sin querer se me mezcló un plan de clase. Se convirtió en un experimento accidental, que me llevó a comparar la práctica oral con la inclusión de audición en el desarrollo de la habilidad comunicativa oral.

Inesperadamente, quienes habían recibido una cuota de audición resultaron ser mejores hablantes que aquellos que recibieron más práctica oral. Hojas dispersas por todos lados. El viejo monje desapareció detrás de la verja.

Es innecesario decir que me convertí en un partidario de la información de entrada. Pronto, enseñar fue tan simple como antes y yo me sentía con más confianza, hasta que el anciano aparecía y sacudía mi árbol, una y otra vez. Me acostumbré al anciano. Ahora espero sus visitas, porque en esos momentos en que me encuentro atónito sobre una montaña de hojas es cuando crezco.

Todavía trato de mantener el jardín limpio pero creo que paso más tiempo contemplándolo y menos tiempo trabajando en él, sabiendo que el jardín cambia y yo cambio con él.

Enseñar, aprender y crecer no son procesos individuales, constituyen un solo proceso, un proceso social. En nuestra comunidad educativa nosotros aprendemos de nuestros colegas y de nuestras experiencias con los estudiantes, enseñamos nuestros descubrimientos y dificultades y crecemos con las respuestas y el apoyo de nuestros pares.

Por eso, los invito a unirse al proceso de Enseñar, Aprender y Crecer en Jalt2011. Envíen su propuesta hasta el 29 de abril y aprovechen la oportunidad de comunicar su experiencia, compartir sus descubrimientos y ser parte de uno de los congresos de educación más grandes de Asia. Recuerden que la invitación está abierta a múltiples formatos –desde exposiciones de posters hasta talleres y presentaciones formales. Miren todos los detalles a continuación.

Stan Pederson Coordinador de Jalt2011

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